Es hora de cuestionarse la veracidad de esas afirmaciones sobre el vino y su disfrute que han tratado de colarse como “verdades universales” en nuestro subconsciente. Seguimos derribando tópicos sin fundamento:

  • “El blanco es para el verano”. Falso. El blanco no es un vino estacional, es un amigo fiel durante todo el año: para disfrutar de una copa o para acompañar un gran número de platos.
  • “Cuantos más años tenga el vino, mejor estará”, dice mi amigo “el entendido”. Y para arreglarlo, añade: “me refiero a los vinos buenos, que son los que envejecen bien”. Otro falso mito. Vamos a ver, no se trata de vino bueno o malo, sino de qué tipo de vino es. Los rosados y los blancos y tintos jóvenes (sin crianza) tienen una vida corta. Así que no los guardes, bébetelos y disfruta. Y cuando los compres, mira el año de la cosecha porque ésta marca la edad que tiene el vino (es decir, los años que han transcurrido desde su cosecha; ahora salen al mercado los vinos jóvenes elaborados con la cosecha de 2013). Así que si tu amigo “el entendido” te invita a su casa y saca un vino sin crianza cuya cosecha es del año catapún… Mejor no te lo bebas. Aunque depende en parte del tipo de uva (como ya vimos), los vinos jóvenes suelen durar unos dos años, y eso si han estado guardados en buenas condiciones, porque son muy sensibles al calor, las vibraciones…
  • “Si un vino huele o sabe a moras es porque se le han añadido moras”. Si un enófilo escucha un tópico de este estilo, puede ver su sensibilidad seriamente tocada. Al vino NO se le añaden sustancias para darle aromas ni sabor. El vino es un producto natural. Sus aromas y sabores proceden de las propias uvas, del grado de madurez de las mismas, del clima y del suelo donde se han cultivado, del proceso de vinificación y de la crianza en roble y en botella. Pero nunca se añaden ni frutas ni flores…
  • “Un Gran Reserva es mejor que un Reserva; y un Reserva mejor que un Crianza”. No tiene por qué. La clasificación tradicional de Crianza, Reserva y Gran Reserva indica sólo el periodo mínimo de crianza de un vino, y esto no determina necesariamente su calidad. Así que esta clasificación te servirá para conocer la edad del vino y para intuir los aromas y sabores que desplegará (más o menos marcados por el roble), el tipo de taninos, la necesidad de decantarlo… Pero para hablar de calidad, lo mejor es que lo pruebes.
  • Y por último, “el vino es perjudicial para la salud”. Al contrario, si se consume moderadamente es muy beneficioso. Diversos estudios científicos señalan que el consumo moderado de vino tiene efectos preventivos ante enfermedades cancerígenas y cardiovasculares. Además, entre otros beneficios, funciona como antioxidante y, según ha concluido recientemente el estudio Predimed realizado por investigadores de la Universidad de Navarra (España), puede reducir el riesgo de sufrir depresión. Pues nada, con más sentido que nunca, ¡Salud!